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domingo, 25 de enero de 2009

Casero

Eran las 7:30am del sábado, momento en el cual mi sueño está en lo más profundo y si alguien osa despertarme en ese instante tiene que prepararse para recibir insultos de todo calibre y maldiciones para sus siete siguientes generaciones. Pero en ese instante el timbré de la casa de mi abuela sonó como si fuera la campana final de una pelea de box. Mi Rottweiler ladró como si hubiera olfateado al hijo del diablo. Me desperté y escuché una voz que decía: "Camarones señora, ahí tiene camarones" y volvieron a tocar el timbre. Yo tengo la costumbre de dormir en boxer, pero aun así no me importó levantarme y bajé decidido a soltar a mi perro para que le de el susto de su vida al infeliz. Al abrir la puerta parece que el vendedor se había ido y gritaba a lo lejos "camarones casera" y mi perro le ladró más fuerte como retándolo a volver. Yo frustrado por no ver como mi can cumplía su propósito. ¿Camarones?: Pensé. ¿No están en veda? Pero verdad, estoy en Perú. ¿Quién dijo que vender de puerta en puerta tocando los timbres o llamando por teléfono para ofrecer sus productos agresivamente era una buena idea? Apuesto que la gente descarga su estrés con ellos. Alguna vez vi a un vecino tonto que no tenia carácter para evitarlos y terminaba leyendo lo que le ordenaban los que venían a hablar de religión. Tiempo atrás mi amigo del colegio y yo vimos a un vendedor siendo choteado con un portazo. Mi amigo me dijo: "Ya ves, por eso quiero estudiar". Solo espero que el próximo sábado si es que llegara nuevamente ese vendedor mi perro pueda darle mis saludos desde la reja.